La explosión de Tunguska

 


Una explosión equivalente a 500 bombas atómicas como la de Hiroshima estremeció hace 92 años Siberia y abrió uno de los grandes enigmas del siglo XX: ¿Qué pasó aquel 30 de junio de 1908.

Tunguska, una región prácticamente deshabitada y casi desconocida para el resto del mundo, situada en la latitud del círculo polar ártico, en el extremo norte de Siberia, fue sacudida en 1908 por una terrible explosión, cuyos ecos llegaron a centenares de kilómetros a la redonda, provocando desolación y muerte.

Pero, vamos a los detalles: en la mañana del 30 de junio de 1908, los sismógrafos de regiones tan apartadas como Inglaterra, Austria, Estados Unidos, registraron una tremenda sacudida, propia de un gran temblor cuyo epicentro lo sitúan en la zona del río Tunguska, en el NE, siberiano.

Los pocos pobladores del lugar vieron volar sus tiendas por los aires, rebaños enteros de renos fueron aniquilados por ráfagas ardientes y los bosques arrasados; pasajeros del tren transiberiano sufrieron caídas, los rieles temblaron y el maquinista detuvo el convoy, previendo un descarrilamiento con fuertes consecuencias.

Al decir de los testigos, la explosión, fue acompañada además por columnas de fuego, retumbar de truenos espantosos que se oyeron a 1.000 kilómetros de distancia y luego una "lluvia negra", producto de la condensación del aire y de los escombros que volaron debido a los efectos de los remolinos resultantes de la misma.

Parece increíble que tan terrible evento haya pasado casi desapercibido para el resto del mundo, pero, pensemos que en 1908, las comunicaciones no eran ni fluidas ni eficientes como en nuestros días, además de haber ocurrido tan lejos de los principales centros civilizados de la época.

Las consecuencias de la explosión: intensa luminosidad (en Londres durante semanas se podía leer de noche sin luz artificial), raros fenómenos atmosféricos (atribuidos a ciertas condiciones climáticas).

Además, se tenía a la Siberia (casi inexplorada a la sazón) como tierra misteriosa y cuna de fenómenos inexplicables, condiciones durísimas de vida con temperaturas gélidas en invierno y veranos húmedos y malsanos, de modo que cualquier acontecimiento ocurrido allí, no tenía mayor trascendencia.

Los mismos tungusos eran reacios a internarse en esa silenciosa tundra, amedrentados por fábulas y leyendas, además del peligro de las inundaciones provocadas por el derretimiento de la escarcha a causa del intenso calor generado por la explosión.

 La relación de este suceso, caratulado como "caída de un gran aerolito", salió nuevamente a la luz en 1921, a raíz de la investigación y análisis del aerolito caído en Norteamérica (cráter del meteorito, Arizona -foto de la derecha), juzgado el mayor caído en la Tierra. Estos análisis dieron como resultado hierro oxidado, algo de níquel y vestigios de iridio y platino. Pero estaba demasiado enterrado para su aprovechamiento.

Teniendo noticias de esto, el gobierno de la URSS, que tenía apuros económicos y sabiendo que en la Rusia asiática se habían registrado gran cantidad de caídas de aerolitos, pensó en utilizarlos como fuentes de recursos. Con tal motivo, la academia de ciencias soviética organizó una expedición y designó a Leonid Kulik, mineralogista al frente de la misma.

Kulik, concienzudamente, tomó nota de todas las caídas de aerolitos, comparó notas y datos descubriendo la caída del aerolito de 1908. Se interesó vivazmente por este suceso al conseguir muchos relatos sobre la misteriosa espectacularidad de éste, que no condecían con ninguno de los escuchados al respecto de otros casos.
Decidió investigar a fondo, y así, escuchó a testigos que decían haber visto, en una aldea a 650 kilómetros al norte de Irkust, "un cuerpo que despedía una luz blanco – azulosa y lastimaba los ojos" – "se movía hacia abajo (otros decían horizontalmente) durante unos diez minutos" – "tenía la forma de un tubo, o sea cilíndrica" – "después de su caída (aclaro caída hacia tierra, no impacto), se escuchó una detonación como un cañonazo" – "se levantó una gran nube de humo negro" – "todas las casas se estremecieron y una lengua de fuego bifurcada se elevó al cielo"...

Acá empezaron las dudas y cavilaciones sobre el supuesto aerolito. Nada coincidía, ni la forma del objeto, ni su comportamiento, ni las consecuencias de su caída, si es que hubo una caída o impacto. De ser así, ¿qué enorme cuerpo había chocado contra la superficie terrestre para producir temblores y ruidos a tantos kilómetros de distancia?

De acuerdo a los datos recogidos, Kulik calculó que el aerolito debió haber impactado cerca de la cuenca del río Tunguska pedregoso. Probar la existencia de este meteoro, se convirtió para él, en una obsesión. Así, seis años más tarde vuelve, y en esta expedición, a pesar de marchas y contramarchas, debido no sólo a problemas por lo escabroso e inhóspito de la taiga, sino mayormente al temor supersticioso de los guías tungusos que hablaban de "la venganza del dios Ogdy y de su ira desatada que provocó la catástrofe", consigue llegar a contemplar las primeras señales de la colosal explosión de 1908.

Es interesante consignar que en este panorama desolador, no sólo, repito, por las características de la zona, sino por los miles de árboles descuajados y quemados, se advierten signos, no de un incendio forestal, sino que las quemaduras en el quiebre de las ramas de los pocos árboles que quedaban en pié, indican "destellos de un calor intenso que había chamuscado todo".

Ya en la desembocadura del río Churgyna, Kulik iba de asombro en asombro por la inmensidad del desastre, por la posición de los árboles caídos (todos en el mismo ángulo...), por el aspecto dantesco de los páramos quemados y abrasados... pero aún no había llegado a lo que él creía de buena fe: el lugar del impacto, que, presumía, sería un enorme cráter. Tenía ya, cantidad de fotografías desconcertantes y toda la inmensa ciénaga congelada, los pantanos de turba deformados, "extraños agujeros aplanados" (algunos de cincuenta metros de diámetro), conformaban un paisaje digno de la desenfrenada imaginación de un artista surrealista.

Sin ninguna duda, aquel era el lugar donde había caído el bólido, pero... no existía ningún cráter ni pozo suficientemente grande que indicase el impacto.

Tenía muchas pruebas de la magnitud del evento, y en dos expediciones más (1929 – 1930) Kulik, seguía buscando huellas o restos del bólido, pues los naturales del lugar decían haber encontrado "pedacitos de un metal más brillante que un cuchillo y parecido a la plata", pero, las excavaciones en esta última expedición, hasta más de veinte metros, no hallaron nada.

Kulik no llegó a enterarse que estudios posteriores calcularon que la explosión ocurrió a "15 kilómetros de altura", pues murió en 1942, prisionero de los alemanes (Segunda Guerra Mundial).

Cuando los trabajos de Kulik alcanzaron difusión internacional, no sólo científicos rusos, sino de toda Europa y América, tomaron cartas en el asunto, exponiendo teorías sobre el origen de este suceso.

Desde el momento que no había ni cráter, ni aerolito enterrado, se teorizó sobre la explosión de un cometa pequeño cuya cola había rozado la tierra, liberando gran cantidad de energía cinética (Whiple, inglés y Astopovich, ruso, llegaron independientemente a esta conclusión). Se acertó
 en cuanto a la energía cinética, calculada por Libby -premio Nobel- en 30.000.000 de toneladas de TNT.

Debido a mi postura, antes de conocer estas teorías sobre cometas y aerolitos, no tuve en cuenta semejantes hipótesis, dadas las características del objeto visualizado y su velocidad. Lógicamente, dado mi interés en la investigación de objetos extraterrestres (artificiales) pensé, años atrás, en la posibilidad de la explosión de uno de estos artefactos, pero no poseía datos suficientes para asegurarlo. Ahora veo que mi hipótesis tiene asidero real. Veamos por qué:

En un principio, digamos que aerolito según la definición académica es: "fragmento de un bólido que cae sobre la Tierra. Por lo común se compone de hierro y níquel, surcan la atmósfera con efectos luminosos y detonantes y con tal violencia que se incrustan en el suelo a varios metros de profundidad. Generalmente no son muy grandes".

En este caso, sólo hay coincidencia en "los efectos luminosos", pues en las demás características no las hay. No hay señales de cuerpos o grandes trozos incrustados en tierra, ni cráteres. En cuanto al tamaño, debió haber sido muy grande desde el momento que se visualizó simultáneamente en el observatorio de Irkust y en poblaciones distantes 650 kilómetros. Si aplicamos el método de la vertical y paralaje (usado en astronomía y aeronáutica) este nos indica la altura a que estaba el objeto, más o menos a 15.000 metros de altura (cosa que se comprobó científicamente más tarde) cuando explotó, y reafirma el concepto de "considerable tamaño".

Según los estudios realizados por A. Monotskov, experto ruso en aerodinámica, basados en los datos del observatorio de Irkust, trazó la trayectoria y velocidad del "aerolito" y la estimó en 0,7 kilómetros por segundo (aproximadamente 2.520 kilómetros por hora – velocidad desarrollada por un avión a chorro – lo que demuestra por increíble que parezca, que dicho bólido "venía frenando".

Es sabido que la velocidad de los meteoros al entrar en la atmósfera terrestre varía entre 30 y 60 kilómetros por segundo (aproximadamente 144.000 kilómetros por hora) y es indudable que los cometas o aerolitos no están provistos de sistemas de frenado; agregando a esto las manifestaciones de diversos testigos confiables que dijeron: "el objeto cilíndrico describió un arco...", lo que me permite asegurar que el supuesto bólido "realizó una clara maniobra".

Respecto a esta simultánea visualización en puntos tan distantes (650 kilómetros), recuerdo que el 17 de setiembre de 1985, un globo estratosférico fabricado en Francia (Mir) fue avistado al mismo tiempo en los aledaños de la Capital Federal y en la ciudad de Junín a 200 kilómetros, gracias a que la altura alcanzada por el globo y su tamaño (aproximadamente 200 metros de diámetro) lo permitieron. Teniendo en cuenta esta relación, se puede afirmar que el tamaño del objeto cilíndrico era considerable.

Varias veces he mencionado las palabras "objeto cilíndrico" lo que me retrotrae a las versiones sobre enormes dirigibles grises que surcaban los cielos de Escandinavia, antes de la Primera Guerra Mundial. Estos artefactos no llevaban identificación ninguna, ni bandera, ni siglas. Volaban silenciosamente y a su paso, cundían el asombro y la estupefacción, pues si bien se conocían los dirigibles éstos no aparecían con tanta regularidad y lo que es más, se desplazaban desafiando tormentas y los fuertes vientos tan clásicos en esas regiones. Algunos investigadores de la temática ovni, los han catalogado como un tipo de naves de origen extraterrestre, que imitaban la tecnología aérea de la época, para poder efectuar sus reconocimientos y poder pasar relativamente desapercibidos, para poder realizar estudios de las actividades humanas, relevamientos del planeta, etc.

Retornando al erudito Monotskov, éste dice que si hubiese sido un bólido cayendo a esa velocidad y provocado tamaño desastre, tendría que haber tenido una masa de 1.000 millones de toneladas y no "1 millón" como calculan expertos en meteorología.

Con semejante masa, que por otra parte hubiese oscurecido el cielo (cosa que no ocurrió, pues era pleno día y verano), aún explotando, algunos trozos deberían haber quedado
 diseminados, pero ya sabemos que dichos trozos no se han encontrado; salvo unas pequeñísimas bolitas brillantes incrustadas en los árboles calcinados (el análisis dio cobalto, níquel, cobre y vestigios de germanio) que de acuerdo a lo manifestado por el sabio ruso siberiano Alexander Kazanstsev son "pruebas adicionales que se trataba de una nave espacial, provista de alambres de cobre, instrumentos y semiconductores de germanio".
Un considerando más sobre el tamaño:
Si hubiese tenido un peso de 1.000 millones de toneladas, su volumen hubiese sido de ¡mil millones de metros cúbicos!, y nadie en sus declaraciones habló de semejante artilugio. Reitero que ese cálculo fue realizado por Monostkov, basándose en la amplitud del terreno devastado. Y esa impresionante catástrofe que abarcó miles de kilómetros cuadrados, evidentemente no fue causada por una explosión química (por ejemplo el TNT), sino por un estallido de tipo nuclear, debido a que éste genera una reacción en cadena cuyos alcances van mucho más allá del lugar del siniestro.

Explosión de origen nuclear ¿en 1908?...
Es posible, si nos atenemos a que la quemazón producida en el suelo y los árboles "no indica fuego" (lo hubo posteriormente), sino quemaduras por radiación, como las secuelas que dejaron las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki (1945). Además, los pobladores de la taiga hablaban sobre "una extraña enfermedad que afectó a rebaños enteros de renos, los que aparecían cubiertos de pústulas", cosa que no hizo más que reforzar mi suposición de efectos de radiación. Quienes hayan recogido los testimonios de los pobladores de estas dos ciudades japonesas, no pueden menos de notar la gran similitud con la explosión de Tunguska.

Similitudes:

* El gran resplandor y calor. Luego, el estallido, se enciende el material.

* La primera onda expansiva se refleja en el suelo acompañada de masas de aire pesado.

* La segunda onda (mucho mayor) choca contra la tierra.

* Dentro de la bola de fuego, la corriente de aire súper calentado y la fisión nuclear provocan un vacío generando fuertes remolinos: conflagración autoalimentada.

* Y todo coincide con las declaraciones de los testigos de la catástrofe y las evidencias que surgen de las exploraciones.

Como un acierto más a estas hipótesis de la explosión de un artefacto de origen extraterrestre (tripulado o teledirigido) asimilamos lo expresado por el astronauta norteamericano Collins (vuelos Apollo XI) cuando al regresar de la Luna hacia la Tierra (370.000 kilómetros) explica cómo se efectúa el reingreso de una nave espacial a la atmósfera terrestre... "lo hace por un estrecho corredor de 65 kilómetros (el ángulo de vuelo es de 65º) y acertar ese blanco es una proeza"...

De lo expresado por Collins se desprende que, si el ángulo de vuelo es más abierto, la nave se consumirá debido a la fricción con la atmósfera y de ser más cerrado rebotaría nuevamente hacia el espacio.

Ante esto cabe preguntar: ¿un bólido o aerolito disponen de instrumentos o retrocohetes, que le permitan variar su velocidad de ingreso a la atmósfera, de 144.000 kilómetros por hora a 2.520 kilómetros horarios?

Hasta 1986, la academia soviética de ciencias, aún no había llegado a ninguna explicación satisfactoria acerca del "meteoro de Tunguska", pero "sugieren" que si los análisis de las capas superiores de turba en el gran pantano, donde se localizó la explosión, dan el mismo resultado que los efectuados por las sondas espaciales Vega I y Vega II en la cola del cometa Halley (1986), entonces no cabrían dudas de su origen cometario.

Mutaciones:
En 1997 la expedición del investigador moscovita Vadim Chernobrov descubrió en la zona enormes mosquitos mutantes con cuatro patas en vez de seis. Chernobrov, entrevistado por el periódico "Moskovski Komsomólets", relató que su expedición descubrió que el 80 por ciento de los árboles sobrevivientes presenta huellas propias de quemaduras eléctricas, semejantes a los que dejan los rayos. Kazántsev también recuerda que el 11 de diciembre de 1955, antes del lanzamiento del primer satélite, el astrónomo estadounidense John Gree descubrió diez objetos artificiales en la órbita terrestre. Tras calcular sus velocidades y trayectorias, afirmó que todos se dirigían hacia un mismo punto. Kazántesev no descarta que podría tratarse de "sondas y una nave matriz", pues "sería ingenuo suponer que una enorme nave interestelar intentase aterrizar". "Lo más probable es que el cuerpo celeste que cayó en Tunguska fuera una sonda, mientras que la nave principal se quedó en órbita y permanició allí hasta 1955, cuando fue vista por Gree", dice.

El mismo profesor en Geología y Mineralogía Alexandr Portnov volvió a afirmar a "Komsomólskaya Pravda" que lo que cayó en la remota zona de Tunguska era un enorme "iceberg espacial", compuesto por gases congelador de ácido carbónico, hielo y metano.

Preguntado pro ambas versiones, Chernobrov recordó que éstas son tan sólo dos de las casi 200 hipótesis existentes, a las que cada año se añaden nuevas. El mismo es autor de una: a las 7 de la mañana de aquel 30 de junio un "platillo volador" entró en la atmósfera para efectuar, a juzgar por el estruendo, un aterrizaje de emergencia. El tiempo dentro de la nave coincidía con el terrestre, por lo que los habitantes de nuestro planeta pudieron ver lo que realmente sucedía, la caída del OVNI. pero a una altura de cinco kilómetres los visitantes dieron un viraje de 90 grados en el espacio, tal vez por haber reparado la avería, divisado algo en la superficie o por no encontrar un lugar adecuado en medio de la taiga siberiana. Simultáneamente los pilotos de la nave espacial efectuaron un "viraje de 180 grados en el tiempo", retrotrayéndolo hacia atrás. Al superar la barrera del tiempo la nave, igual que un avión al romper la barrera del sonido, provocó una potente onda expansiva y la concentración en un solo instante de una potente onda expansiva y la concentración en un solo instante de una enorme energía.

Pero ninguna de esas hipótesis ha sido demostrada, incluso la "más verosímil" para todos los que visitaron la zona de Tunguska y que sufrieron en su propia carne las picaduras de los mosquitos mutantes. Según esa versión, surgida en 1960 y que acaba de reaparecer en las páginas de Internet, el fenómeno de Tunguska fue resultado del impacto de un potente rayo sobre una enorme nube de mosquitos de al menos cinco kilómetros cúbicos. Por el momento, Chernobrov y sus hombres se dedican a recoger muestras en la zona del fenómeno y a guardarlas en recipientes con argón, gas que permite su conservación durante 300 años. Para entonces, confía Chernobrov, la ciencia será capaz de descubrir el enigma de Tunguska.