TRES TIMOS TÍPICOS
La picaresca que rodea el mundo del
misterio es muy variada, y muchas son las argucias ideadas por los falsos
videntes para estafar a sus víctimas.
El "timo del trabajito", los "videntes nómadas"
y la "limpia del dinero" son tres ejemplos sumamente gráficos para
situarnos ante el problema de las estafas esotéricas.
Uno de los timos esotéricos más
practicados, y que ha conducido a más videntes ante un Tribunal
de Justicia, es el "timo del trabajito". La descripción esquemática
de este abundante fraude es la siguiente:
El cliente acude a la consulta del cartomante,
quirólogo o astrólogo, que le cobrará entre 1.000
y 5.000 pesetas.
El diagnóstico, entre vagos aciertos
debidos a deducciones lógicas (tez pálida = enfermedad o
angustia; alianza en el dedo = casado, etc.), será el
de un hechizo, mal de ojo o "trabajito" que es el origen de todos los males
del consultante.
A continuación, se le ofrecerá
un pequeño remedio (plantas, amuletos, talismanes, etc.) por el
que pueden cobrar de 5.000 a 50.000 pesetas, aunque algunos listillos regalarán
ese amuleto para ganarse la confianza de la víctima.
Como el problema no se soluciona, el vidente
le dirá que el "hechizo" es demasiado fuerte, y es necesario realizar
un "contra-hechizo" o "trabajito". Este puede consistir en un ritual mágico
en su propia casa, en un bosque o cruce de caminos, etc. Esto le costará
entre 50.000 pesetas y 1.000.000.
Si el cliente pica y paga, este
puede ser el inicio de una larga serie de "trabajitos", cada cual más
caro porque "hace falta más energía para luchar contra un
hechizo que es más poderoso de lo que creía". Este sangrante
proceso durará lo que la paciencia del consultante o su cuenta bancaria.
Otro de los timos esotéricos que se
han puesto de moda en los años noventa es el de "la limpia del dinero".
Especialmente indignante en este tipo de fraude fue una serie de timos
efectuados en humildes poblaciones rurales catalanas por una falsa vidente
que, tras averiguar qué familias tenía problemas económicos
o de salud, se ofrecía a ayudarlos. Durante varios días visitaba
a sus víctimas, ganándose su confianza con actitudes amistosas
y consultas mánticas gratuitas.
Cuando los incautos confiaban en las buenas
intenciones de la bruja "que no cobraba nada por las visitas", ésta
planteaba que la solución de todos los problemas estaba en "limpiar
el dinero, las joyas y todos los objetos de valor" de la familia para purificar
las malas vibraciones energéticas de dichas riquezas. Cuando la
ingenua familia accedía al ritual, la despiadada
estafadora cambiaba el dinero o las joyas por otros previamente preparados,
desapareciendo seguidamente para viajar a otro pueblo en busca de nuevos
incautos.
Otro tipo de estafas, cada vez más
numerosas, se deben a los "videntes nómadas". Estos individuos operan
de la siguiente manera. Alquilan una habitación de hotel, o una
pensión, y establecen allí su consulta. Anuncios en la prensa
local atraerán a los incautos clientes. Como prueba "de buena voluntad"
el vidente dará total garantía de sus resultados, y solo
cobrará la mitad del importe por adelantado y la otra mitad cuando
se verifiquen sus poderes. "En caso de que mi magia no funcione, le devolveré
el dinero". Ante este planteamiento el cliente no desconfiará de
la buena intención del brujo, y con gusto entregará sumas,
que oscilan entre las 100.000 y las 350.000 pesetas como primer pago por
un servicio mágico. Cuando pasa el tiempo, y los servicios contratados
no han funcionado (tales servicios pueden ir desde la curación de
una enfermedad a la solución de un problema laboral), el cliente
decide acudir a reclamar su dinero, y para su sorpresa descubrirá
que el brujo ha abandonado la consulta y ha desaparecido con su dinero.
El falso vidente habrá abandonado la ciudad, llevándose las
"mitades de su minuta" de docenas de personas -lo que suma cifras millonarias-,
habiéndose emplazado ya en otra ciudad en la que abrirá una
nueva consulta, y seguirá cobrando "la mitad
por adelantado" de centenares de incautos a los que estafar.
